La Netiquette

Be polite

Posted by Joan Fusté on 7 February 2018

La Netiqueta y el Coleccionismo

Hoy, para empezar esta nueva Web, abordaré el tema de la “netiqueta”, es decir, las normas de convivencia no escritas que se aplican o deben aplicar en la red. Y lo haré relacionado con la comunidad de coleccionistas. Las normas generales se aplican, como no, a toda comunidad, foro, grupo, etc. Y siguiendo las definiciones que pueden encontrarse en Wikipedia, haré una adaptación al tema que nos ocupa, es decir, el coleccionista.

Ahorrando el texto completo, puede decirse que la netiqueta es el conjunto de reglas que regulan el comportamiento de un usuario (aquí coleccionista), dentro de un grupo o comunidad, así como en el uso del correo electrónico. Básicamente se trata de un sistema de “honor”, sin que el infractor reciba ningún castigo por infringirlo. Lo podemos ver como un protocolo de forma de actuar cuando nos amparamos en el anonimato, o en el escudo que ofrece una identidad virtual. Sin embargo esto no siempre es así, y hay quien no duda en transgredir sus preceptos a cara descubierta.

¿Cuál es el ámbito de la netiqueta?

Como he dicho, estas normas sociales se aplican de forma amplia, pero para abreviar, citaré las que me parecen más oportunas: Correo electrónico: cómo dirigirnos a los demás, qué contenidos tiene el mensaje (publicidad, spam, etc), los archivos adjuntos, el uso de mayúsculas, etc. Foros: nivel del lenguaje utilizado, formato del mensaje, distinción de ambiente (es decir, saber en qué contexto se produce un debate), etc. Blogs: comentarios formales o informales, pertinencia del comentario al tema tratado, respeto a otras opiniones, etc. Chat: conciencia de las limitaciones del servidor (evitando el flooding, limitando el tamaño de los ficheros), respeto a la temática de la sala, uso moderado de iconos, etc.

Identificando problemas

Con el incremento constante del número de usuarios y la expansión de la red, llegan también aquellas personas que perjudican a la comunidad. Aparecen insultos, alegatos kilométricos y en suma, mensajes que no aportan nada, excepto dañar y molestar al sistema.

La urbanidad se impone como necesaria, exigiendo el respeto mutuo para evitar que la red se convierta en un sistema lesivo para el usuario. Aparecen figuras como los moderadores (un nivel inferior al de los administradores o propietarios de una comunidad concreta). Personas que velan por el cumplimiento de la normativa, más o menos relajada, más o menos rigurosa.

Las reglas que adopta un moderador suelen ser:

  • No hay que olvidar jamás que quien lee el mensaje es un ser humano con sentimientos susceptibles de ser lastimados.
  • Comportarse en la red igual que lo haríamos en la vida real.
  • Evitar escribir todo el texto en mayúsculas, ya que se considera igual que gritar, dificulta la lectura y en definitiva, es molesto.
  • Mientras estés en línea, muestra tu cara amable.
  • Respetar el tiempo y ancha de banda de los demás.
  • Las comunidades existen para compartir conocimiento, no trifulcas.
  • Ayuda a mantener un ambiente sano y educativo.
  • Respetar, ante todo, la privacidad de los demás. Agruparse para ir en contra de una persona es cuando menos reprobable.
  • Nunca abusar de poder (moderadores, administradores, etc.)
  • Ser objetivo con temas cuyo bien primordial no afecte al general.

El coleccionista como usuario

Aquí es donde quiero llegar con la netiqueta. Los puntos anteriores son totalmente aplicables, por supuesto. Y algunos de ellos cabe desarrollarlos sutilmente o ampliamente en el ambiente del coleccionismo.

Los sentimientos son una parte importante en toda colección. Es una actividad con alta carga emocional. Y es mucho mejor ignorar o dejar pasar un tema, porque no nos agrada o no coincide con nuestros gustos, que atacar y menospreciar la afición de un colega (porque todos los coleccionistas debemos considerarnos colegas, no enemigos ni competencia).

Compartir conocimiento se hace a veces difícil. Me refiero a información que puede facilitar las cosas a un compañero, como una oportunidad interesante, una oferta única, etc. En ocasiones el individuo prefiere guardarse dicha información, aunque ni siquiera le beneficie directamente. Sólo por no compartirla con otros esa información se convierte en “secreto de estado”. ¿Qué utilidad tiene actuar así? Ninguna.

En contraposición, y ligando con el punto anterior, no se trata de que la red sea un camino de rosas, pero es más fácil mantener un ambiente relajado cuando se producen agradecimientos y elogios, que cuando, al contrario, los mensajes consisten en críticas destructivas e insultos. Ello conlleva un ingente número de réplicas que van subiendo de tono y desembocan en un estallido innecesario de exabruptos absolutamente estériles. Por ello se recomienda que en el caso de que un usuario tenga algún conflicto con nosotros, tratemos las diferencias en privado, y no en público.

La privacidad también tiene sus connotaciones en esta afición. Preguntar abiertamente por el coste de una pieza es de mal gusto. Si quien ha adquirido un artículo no asequible para todo el mundo quiere dar esa información, ya lo hará. No es necesario preguntar. Como haríamos en la vida real. Es verdad que hay personas con tendencia a preguntar siempre por el valor de las cosas. En la red es tan molesto como fuera de ella.

La cooperación entre coleccionistas es fundamental para el crecimiento de la comunidad y de las pertinentes colecciones. Nunca se sabe por dónde llegará una pista que nos dirija correctamente en el buen camino. Por tanto, ¿no es mejor tener buenas relaciones con todos? No hay que argumentar aquí que esto puede verse como hipocresía para beneficio propio. Hay que verlo como las amistades de la vida real. Quien las tenga por interés no puede ser considerado amigo como tal. En la red es lo mismo, pero no por eso dejamos de encontrar personas de muy alto nivel moral que se convierten en verdaderos amigos con el paso del tiempo. Una buena red de amigos hace que la red de redes sea lo que pretende: una herramienta de comunicación global y omnipresente en lugar de un catalizador para nuestra sobrecarga de adrenalina. Para eso existen otros métodos más recomendables, como el deporte, el trabajo duro, o la terapia.

El coleccionista es una persona con una determinada sensibilidad por los objetos, excéntrico, extravagante, sí, y también cuidadoso, metódico, constante. Tener en cuenta ese talante, esa idiosincrasia, esa subjetividad, es fundamental para no malinterpretar un comentario y encender la llama de la discordia.